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Una mirada a la campaña de promoción de Buenas Prácticas Vecinales [Parte I]

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Contaminación acústica.

Cuando llegué a Montevideo desde el Uruguay Profundo no estaba acostumbrado al nivel de polución sonora [ni del aire] que se siente [y se respira] en las calles de la capital. Los primeros días dormía en casa cuyo cuarto lindaba en una esquina de tránsito medio. Pues había veces que pensaba que los motores iban a romper la pared y arrollarme, por la virulencia que emanaba de la rústica mecánica de la mayoría de los vehículos. La irrupción violenta de la vibración sonora penetraba por mis oídos alertando todos mis sentidos de una invasión repentina, sensación que se disipaba al instante pero que coartaba cualquier estado de relajación que pudiera existir en un momento previo.

Hoy, varios años después, me toca vivir en una esquina céntrica con tránsito corrido entre las 6 y las 24. En ocasiones los ómnibus pasan rugiendo desvencijados y retumban en las ventanas de la habitación, produciendo el efecto de temblor en los cimientos y la sensación de ser alcanzado por una avalancha de fierros y desguaces.

Ya estoy acostumbrado, pero no es justo. En Europa las autopistas tienen pantallas que aíslan el ruido insoportable de los vehículos-de las zonas residenciales. En Montevideo, las motos circulan sin caño de escape, los ómnibus parece que van a estallar su motor, los camiones andan por inercia. La invasión a los cuerpos de los transeúntes es exacerbada y morbosa. Se atenta contra la integridad de su aparato auditivo [y respiratorio] mediante la circulación libre de vehículos que superan con creces los límites de volumen [y de emisiones tóxicas] que se consideran tolerables. El límite máximo de tolerancia por el oído es de 60 decibeles. Un camión produce sonidos de más de 80 decibeles. Esto representa serios riesgos para la salud.

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Written by Conocer

23 septiembre, 2011 at 7:44 am

Soluciones a la basura ciudadana.

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En estos días la ciudad de Montevideo se ha convertido en un basural. Las veredas y las calles tapadas de desechos urbanos debido a un conflicto sindical motivó que la Intendencia decretara el “servicio de esencialidad” por “riesgo sanitario”, encargando a la fuerza militar la tarea de limpiar la basura.

Miles de hurgadores recorren los contenedores diariamente. He llegado a contabilizar cuatro en una hora, a lo largo de todo el día. Cientos de miles de familias viven en Montevideo en riesgo sanitario crónico, desde hace generaciones, sin que a nivel social surjan ideas ni motivación política de erradicar el problema de raíz. Sin embargo, existen muchas propuestas viables para revertir la situación.

En Montevideo no se pasa hambre. Todo lo que la “sociedad integrada” descarta, es aprovechada por legiones de personas inmersas en la mas decadente miseria. Alimentos, muebles, ropa, todo es consumido por los famosos hurgadores, que recorren la ciudad con sus carritos, ignorados y discriminados por quienes siguen su estructurada rutina del tiempo, espacio y dinero artificial. Dentro de esos cánones mentales no surgen soluciones a ninguna problemática. Se contentan con cumplir su rutina y tal vez tomarse una pastilla o dos para dormir mirando su programa favorito, imágenes triviales repetidas hasta el hartazgo.

Los recicladores cumplen una función vital, que consiste en clasificar y reinsertar materiales en las cadenas productivas. Hasta ahora, al margen del sistema, luchan con las máquinas de la intendencia para rescatar lo que puedan de plástico y cartón, que venderán a un peso o dos el kilo.

En torno a la basura, a los desechos, hay toda una forma de vida. Mientras que nosotros compramos para consumir, ellos seleccionan de nuestros descartes su sustento. ¿Como esta situación ha podido ser ignorada, dejada al libre vaivén de la lógica mercantil?

Los políticos no son los amos del pueblo, son sus servidores. El pueblo le paga sus sueldos. De uno y otro lado, la sensibilidad social ha sido un debe que ya no se puede sostener.

¿Que se hace hoy con la basura? La voluntad y la creatividad de las autoridades escasea: se acumula en vertederos a cielo abierto, montañas enormes, putrefactas, insalubres. Se incinera, ni hablar de las emisiones tóxicas. Se entierra, contaminando las napas subterráneas de las que luego bebemos y nos bañamos.

¿Que se puede hacer con la basura? Hay que desligarse de la idea de que lo que se tira ya no sirve para nada. El momento en que la mayoría de los productos de consumo pasan por nuestras manos es mínimo con respecto al tiempo de producción, distribución, descarte y degradación que constituye la biografía social de las cosas. La materia orgánica debe ser reutilizada, tiene un valor muy importante para la reconstrucción del manto fértil de la tierra. El papel, cartón, plásticos, vidrios, pueden ser reciclados y reinsertados en las cadenas productivas. Los metales también pueden serlo mediante métodos mas complejos. Básicamente toda la situación de deterioro ambiental puede ser revertida mediante la instrumentación de prácticas económicamente viables.

Tres propuestas concretas, extraídas de la práctica, vigentes en la actualidad:
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Cantegriles en Montevideo.

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A fines de la década de 1950, un grupo de estudiantes y docentes realizaron una investigación de las zonas marginales de Montevideo con el objetivo de relevar los aspectos estructurales (el ámbito espacial) y la forma de vida de quienes allí habitaban (las familias). De este estudio de los “barrios de la mugre”, o los “cinturones de miseria”, se dio a conocer para la academia la definición del término cantegril. En el momento el trabajo tuvo repercusión en Argentina y Brasil, y con el paso de los años se ha constituido en un documento invaluable sobre una realidad emergente en la época. Carezco de información de si este tipo de incursiones se han seguido llevando a cabo. Sospecho que no. Hoy en día el discurso de la marginalidad y de las políticas de integración continúan su curso por un rumbo radicalmente diferente al que se explicita en este trabajo.

Vale la pena transcribir de manera íntegra el último capítulo del libro. Entre otras cosas, se advierte de la ineficacia de los planes asistencialistas, que no hacen mas que perpetuar la miseria. Nos referimos a diversos planes impulsados por los gobiernos, en materia de vivienda, de asignaciones familiares, entre otras.

Otros países hay en Latinoamérica, más pobres que nosotros. Otros más ignorantes; los más, convulsionados, viviendo sobre el volcán de la inestabilidad y la tragedia. Pero casi todos saben que quieren y hacia donde van. Salen al encuentro de la pobreza sin esconderla ni temerle; enfrentan a la ignorancia seguros de vencerla; se sitúan sobre el volcán ardiente porque desde allí se divisa el cielo. Nosotros, en cambio, seguimos pensando en pasados días venturosos. A falta de mitos usamos palabras, atribuyendole mágicas virtudes que sabemos nunca poseyeron.

Ninguno quiere hoy escuchar ni analizar otros problemas que los personales. Somos cada vez mas duchos en recorrer vericuetos y menos aptos para andar caminos. Ello hace la ocasión poco propicia para mostrar realidades que no lleven improntas conocidas. Marchar contra la corriente no ha sido nunca tarea fácil. Sabiéndolo, aceptamos el reto.

El de los cantegriles y otros problemas esperan hace tiempo soluciones enmarcadas en medidas integrales. Señalamos la génesis en la huida del campesino a la ciudad, hasta llegar al “collar de miserias” de Montevideo. ¿Dijimos algo nuevo? Parece mas bien que estas cosas se conocen hace tiempo, pero no quieren entenderse porque unos están empeñados en buscar soluciones para el campo y otros para la ciudad. Ambos olvidan que el país es uno solo -aun medido en el marco del interés egoísta- y no recuerdan que ajustando un solo tornillo el resto del motor se desajusta. Aquellos que han intentado una política de colonización insincera en muchos casos, sin organización y sin dinero; éstos, la construcción de viviendas de emergencia, que multiplican los males del cantegril, y donde no podrán caber todos los habitantes del país, que siguen llegando a Montevideo.

La realidad nos dice a gritos que abandonemos los paños tibios. Con ese tipo de medidas sólo conseguiremos dilapidar dinero y esfuerzo y el mal irá agravándose. Es elemental que no pueden asimilarse al medio urbano personas de raigambre cultural diversa, pues los procesos de arraigo son lentos.

Con el transcurso del tiempo los males irán agravándose y las soluciones se tornarán más difíciles. A las dificultades generadas por los propios problemas se sumarán las derivadas de la falta de recursos y la ausencia de vocación por hacer las cosas bien.

Mario Bon Espansandín. Cantegriles.
Editorial Tupac Amaru. Montevideo, 1962.

Cincuenta años después, la realidad valida y legitima las palabras del autor.

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Written by Conocer

1 diciembre, 2010 at 5:43 pm

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