Conocer para transformar.

Una visión socialmente viable, económicamente factible y ambientalmente adecuada

Cantegriles en Montevideo.

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A fines de la década de 1950, un grupo de estudiantes y docentes realizaron una investigación de las zonas marginales de Montevideo con el objetivo de relevar los aspectos estructurales (el ámbito espacial) y la forma de vida de quienes allí habitaban (las familias). De este estudio de los “barrios de la mugre”, o los “cinturones de miseria”, se dio a conocer para la academia la definición del término cantegril. En el momento el trabajo tuvo repercusión en Argentina y Brasil, y con el paso de los años se ha constituido en un documento invaluable sobre una realidad emergente en la época. Carezco de información de si este tipo de incursiones se han seguido llevando a cabo. Sospecho que no. Hoy en día el discurso de la marginalidad y de las políticas de integración continúan su curso por un rumbo radicalmente diferente al que se explicita en este trabajo.

Vale la pena transcribir de manera íntegra el último capítulo del libro. Entre otras cosas, se advierte de la ineficacia de los planes asistencialistas, que no hacen mas que perpetuar la miseria. Nos referimos a diversos planes impulsados por los gobiernos, en materia de vivienda, de asignaciones familiares, entre otras.

Otros países hay en Latinoamérica, más pobres que nosotros. Otros más ignorantes; los más, convulsionados, viviendo sobre el volcán de la inestabilidad y la tragedia. Pero casi todos saben que quieren y hacia donde van. Salen al encuentro de la pobreza sin esconderla ni temerle; enfrentan a la ignorancia seguros de vencerla; se sitúan sobre el volcán ardiente porque desde allí se divisa el cielo. Nosotros, en cambio, seguimos pensando en pasados días venturosos. A falta de mitos usamos palabras, atribuyendole mágicas virtudes que sabemos nunca poseyeron.

Ninguno quiere hoy escuchar ni analizar otros problemas que los personales. Somos cada vez mas duchos en recorrer vericuetos y menos aptos para andar caminos. Ello hace la ocasión poco propicia para mostrar realidades que no lleven improntas conocidas. Marchar contra la corriente no ha sido nunca tarea fácil. Sabiéndolo, aceptamos el reto.

El de los cantegriles y otros problemas esperan hace tiempo soluciones enmarcadas en medidas integrales. Señalamos la génesis en la huida del campesino a la ciudad, hasta llegar al “collar de miserias” de Montevideo. ¿Dijimos algo nuevo? Parece mas bien que estas cosas se conocen hace tiempo, pero no quieren entenderse porque unos están empeñados en buscar soluciones para el campo y otros para la ciudad. Ambos olvidan que el país es uno solo -aun medido en el marco del interés egoísta- y no recuerdan que ajustando un solo tornillo el resto del motor se desajusta. Aquellos que han intentado una política de colonización insincera en muchos casos, sin organización y sin dinero; éstos, la construcción de viviendas de emergencia, que multiplican los males del cantegril, y donde no podrán caber todos los habitantes del país, que siguen llegando a Montevideo.

La realidad nos dice a gritos que abandonemos los paños tibios. Con ese tipo de medidas sólo conseguiremos dilapidar dinero y esfuerzo y el mal irá agravándose. Es elemental que no pueden asimilarse al medio urbano personas de raigambre cultural diversa, pues los procesos de arraigo son lentos.

Con el transcurso del tiempo los males irán agravándose y las soluciones se tornarán más difíciles. A las dificultades generadas por los propios problemas se sumarán las derivadas de la falta de recursos y la ausencia de vocación por hacer las cosas bien.

Mario Bon Espansandín. Cantegriles.
Editorial Tupac Amaru. Montevideo, 1962.

Cincuenta años después, la realidad valida y legitima las palabras del autor.

La antigua Banda Oriental se enfrenta, por fin, con su destino. Nadie puede tampoco acá disfrazar situaciones ni crear espejismos, puesto que la ola de realidades golpea a todos por igual. Aunque muchos parecen todavía no darse cuenta de que nos acercamos al fin de un modo de vida, de muy largo ocaso, hay quienes atisban, frente a la crisis económico financiera mas grande de toda nuestra historia, otra coyuntura, que va periclitando los valores hasta ayer inmutables e imprimiéndoles el sello letal de las crisis verdaderas.

Nadie puede vaticinar cuánto durará el estado de transición. Los días que nos acechan, cual los bárbaros a las puertas de Roma, no tienen prisa porque notemos su presencia ni se empeñan por precipitar el final, conscientes de que, inexorablemente, bastará en su momento un pequeño soplo para que el andamiaje se caiga deshecho.

Avizoramos que vendrán días distintos a los que vivimos, donde acaso el hombre pueda ser más feliz, si toma conciencia de la nueva realidad y decide afrontarla con valor. Estamos viviendo el pasaje de una época a otra diferente; somos actores, por la fuerza de las cosas, en la gestación y desarrollo del cambio de un mundo a otro. Este pasaje se caracteriza, entre otras cosas, porque no tolera medias tintas, posiciones ambiguas ni disfraces; cada uno aparece con un puesto definido, para emprender desde allí las acciones que las circunstancias marquen, atendiendo, claro está, a su conciencia y a sus convicciones.

Junto con la perención del mundo en que vivimos finaliza la época de la inautenticidad, concluye la era de los rótulos y las etiquetas, que tal vez, en su momento, pudo prestar utilidad.

En cada sitio, en cada pueblo, algunos hombres van colocando sobre sus hombros la ardua responsabilidad de acompañar los procesos de cambio estructural. A manera de faros, cumplen la misión de indicar el camino, a fin de que resulte menos penosa la reubicación de los que anochecimos tranquilamente en un mundo, y despertamos, llenos de sorpresas, en otro diferente. Tales visionarios, moviéndose en todos los campos de la actividad humana, no vacilaron en abandonar lo conquistado con esfuerzos y recomenzar, confiados en que marchan por el nuevo camino que nos conduce a todos a un mundo nuevo.

También acá, en el Uruguay, algunos, acaso desconocidos para los más, han tomado ya posición, abriendo su corazón y su inteligencia a la comprensión y análisis de muchos problemas, que por ser tan visibles y nuestros no habían logrado siguiera rozarnos la epidermis.

Casi de inmediato otros personajes pasaron a suturarse en el sitio donde aquellos se encontraban, aferrándose a cosas cuya vigencia ha dejado de tener sentido, pero siempre caras a los que no quieren o no pueden concebir un mundo sin privilegios, aunque hasta el propio dogma en cuyo nombre pretenden actuar les diga que todas las personas son iiguales, sin otro distingo que los talentos y las virtudes.

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Written by Conocer

1 diciembre, 2010 a 5:43 pm

2 comentarios

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  1. […] puntos de las investigaciones de esta época coinciden con los planteos de Bob Espasandín (1962). Ya en la década de 1950, Oscar Lewis auguraba en EEUU el fracaso de los planes asistencialistas […]

  2. […] puntos de las investigaciones de esta época coinciden con los planteos de Bob Espasandín (Montevideo, 1962). Se auguraba el fracaso de los planes asistencialistas de en materia de asignaciones y vivienda. […]


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