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Venenos en los cigarrillos.

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A partir de la década de 1620 el cultivo del tabaco se convirtió en una industria en expansión a manos de colonizadores ingleses en Virgina, alcanzando rápidamente dimensiones extraordinarias. Incluso hasta hoy en día uno puede caminar a través de los edificios gubernamentales y ver las hojas de tabaco esculpidas en las columnas. La primera industria intensiva, la que catapultó a las primeras familias inmigrantes al territorio actual de EEUU, la actividad productiva que contribuyó a su independencia económica, fue el cultivo del tabaco.

Tan provechoso llegó a ser este comercio, que los colonos virginianos tuvieron que restringir en 1621 el número de plantas y el de hojas que podían cultivar, con el fin de centrar su atención en las cosechas alimentarias, que estaban siendo descuidadas.

Akehurst. ‘Tabaco: agricultura tropical”, 1968).

Desde esa época hasta el día de hoy el consumo de tabaco ha crecido exponencialmente en todos los países del mundo, llegándose a hablar de una “epidemia del tabaco” a nivel global, sobre todo a partir de la fabricación en serie de cigarrillos en el siglo XIX. La industria tabacalera continúa en expansión, especialmente en los países del tercer mundo de donde proviene el 84% de los fumadores, unas 1.090 millones de personas.

Por ejemplo, el Uruguay consume un promedio de 3.400 millones de cigarrillos por año, equivalente a 170 millones de paquetes. Este hecho da cuenta de la importante trivialización que se ha hecho del consumo del tabaco, muy lejos del uso ceremonial que prevalecía en las culturas americanas aborígenes. La industria del tabaco ha evolucionado a niveles impresionantes desde el punto de vista financiero. Una gran cantidad de factores económicos están en juego no solo en el comercio del tabaco sino también en el cultivo, la publicidad y la prevención.

De acuerdo con estudios realizados en diversos países y por economistas del Banco Mundial, los enormes gastos sanitarios vinculados al tabaquismo superan por mucho el beneficio económico que el tabaco generaría sobre la producción, el comercio exterior y el empleo en esta actividad, y más aun si consideramos la repercusión económica y social del tabaco en todo el mundo.

La presencia de aditivos en el tabaco comercial no es la única intrusión química externa. En la etapa de cultivo, por ejemplo, se utilizan entre 30 y 60 kilogramos de plaguicidas por hectárea. La cantidad de agrotóxicos es aún mayor en la etapa de germinación y primer crecimiento de la semilla, ya que en los viveros se emplean hasta  114 kilogramos por hectárea. Para el cultivo industrial del tabaco se utilizan más de 13 pesticidas de alta toxicidad para el medio ambiente, entre insecticidas, fungicidas y otros. Es de recalcar el hecho de que todo este arsenal químico que participa en el proceso de maduración del tabaco permanece en la hoja aún después de que se realicen los tratamientos necesarios para la fabricación de cigarrillos. Esto significa que el producto final que llega al consumidor no solo presenta las propiedades adictivas propias de la nicotina sino que también viene acompañado de un montón de intrusiones químicas externas y artificiales que distan mucho del tabaco natural originario.

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Written by Conocer

7 septiembre, 2010 a 6:48 pm

Publicado en salud

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