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Destrucción y cambio climático en Uruguay.

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A los uruguayos nos gusta pensar, y con razón, que vivimos en una zona de privilegio en el planeta. El territorio que ocupamos como ciudadanos de esta nación es parte de las últimas regiones de tierra fértil y que le va quedando al planeta.  El mismo Presidente nos lo ha dicho repetidamente: ” Somos la última reserva agrícola del mundo, agua dulce incluida“.

Nuestra tierra tiene la capacidad de proveer a las personas

de lo primero y más indispensable para la vida:

agua y alimento.

El suelo uruguayo es de primera calidad, rico en minerales, nutrientes y materia orgánica.

A lo largo y a lo ancho múltiples ríos y arroyos surcan el territorio.

Amplias reservas hídricas yacen en las capas subterráneas.

Esta tierra posee abundantes recursos fluviales y marítimos,

y tiene escasa influencia de las catástrofes climáticas.

La ubicación geográfica también es benevolente:

el clima templado permite la adaptación de especies de latitudes frías tanto como de climas tropicales.

El territorio uruguayo el límite Sur de dispersión de muchas especies vegetales.

Los ambientes nativos como los montes, los humedales o los palmares, son de fundamental importancia para la vida humana. El equilibrio del ecosistema, nicho natural de especies vegetales y animales, desaparece mientras se construyen represas, se eliminan bañados mediante canales artificiales, se forestan indiscriminadamente amplias extensiones de territorio con flora exótica o de laboratorio, se fumiga con agrotóxicos que suprimen todo vestigio de vida, se reduce el monte indígena mediante la tala sistemática y el pastoreo.

La  modificación del paisaje que ha producido la actividad humana en los últimos 300 años es la causa principal de los desequilibrios climáticos que hoy padecemos: una amplia variabilidad térmica de un día a otro, períodos de sequía ponen en jaque el suministro eléctrico, rachas de altas temperaturas aparecen en los meses invernales y las lluvias copiosas e intensas producen inundaciones repentinas.

Amplias zonas del mundo se están hoy desertificando, no como consecuencia de ‘los gases de efecto invernadero’ sino por el mal uso de la tierra. La experiencia internacional indica que el modelo productivo implantado en este país va a derivar indefectiblemente en la esterilización de los suelos por la falta de agua y nutrientes, consecuencias directas del monocultivo, comprometiendo a las futuras generaciones que en pocos años dependerán de tecnología y conocimientos extranjeros para revertir la situación de deterioro que ya se está comenzando a denotar.

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Written by Conocer

13 julio, 2010 a 2:32 am

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